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Para Comerte Mejor


El Instituto Nacional del Cáncer de EEUU se encuentra dando los primeros pasos en el programa “alimentos diseñados” en su aspiración  de prevenir el desarrollo de enfermedades malignas a través de la correcta alimentación. El objetivo es crear productos de consumo diario enriquecidos con fito químicos naturales que se encuentran en frutas, vegetales y otras plantas. Se sabe que estos compuestos son capaces de inferir en el camino bioquímico que desemboca en el crecimiento de  los tumores, aunque todavía es desconocida la mejor manera de explotar estas propiedades preventivas.

Este es un proyecto único que estudia las formas practicas de utilizar alimentos comunes en lugar de drogas para luchar contra el cáncer,  y puede ser el inicio de una industria totalmente nueva basada en la alimentación para la salud.

Durante el primer año del proyecto, las actividades incluirán protocolos de alimentación en animales  y en seres humanos tratando de determinar los efectos de los nutrientes sobre la bioquímica y el metabolismo de las prostaglandinas, esteroides y otras drogas.

Los candidatos a se investigados en primer termino son los extractos de frutas cítricas, ajos, lino, soja, zanahorias, perejil y apio para comenzar aunque se descarta el rápido aumento de la nomina precedente. Para citar un ejemplo, Omaha, una de las veinte universidades seleccionadas para el trabajo, se está estudiando el extracto de ajo combinado con jugo de naranja y su efecto sobre el metabolismo acetaminofén, sobre la base de que algunos agentes cancerigenos serian metabolizados por las mismas enzimas con que el organismo metaboliza el acetaminofén, sugiriendo una evidencia del tipo epidemiológica sobre el posible efecto protector del ajo. En este sentido, los compuestos sulfúricos de ajo pueden interceptar a los cancerigenos antes de que estos produzcan el daño celular.

Por su parte, el lino contiene compuestos antiestrogénicos llamados lignans y un ácido graso polisaturado denominado Omega 3 que bloquean la acción de las prostaglandinas, lo que le confiere un papel protectivo contra el cáncer y los ataques cardiacos.

Por el momento, los estudios están centrados en descubrir posibles efectos indeseables dado que estos alimentos son habitualmente consumidos en muy pequeñas cantidades por lo que habrá que testar minuciosamente su comportamiento al aumentar drásticamente la dosis ingerida.

En los años por venir, los estudios estarán orientados a encontrar a los mejores candidatos dentro de nuestra dieta diaria para luego poder almacenar todo en una base de datos con sofisticados programas que nos permitan reconocer causas  y efectos hasta el mismo nivel molecular, para los cuales de los fitoquímicos son los activos en la prevención.

A pesar de que todavía estamos a varios años de ver a los “alimentos diseñados” en las góndolas de los supermercados, varias industrias alimenticias han comenzado ya sus propios proyectos en los que promete ser el gran desafió de poner a la tecnología al servicio de la alimentación de la salud.

 

 

 

 

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